Como no sentir este deseo febril de tus dedos recorriendo mi piel,
diluyendo mi respiración en cada toque de tu mano tersa, delicada y taciturna
que agita las ensenadas de mi vientre calmado en el magma incrustado en mi sexo
cuyas fumarolas atraen
al desprevenido frío de tu cuerpo que yace casi muerto.
Como acallar mi piel sedienta de tu agua húmeda y blanquecina
que recibe como monzones tus caricias desérticas de deseo.
Como olvidar el oasis lujurioso de las mesas pequeñas de antaño
que se pierden en el desierto costero de mi cama hoy.
Este calor que recorre mi piel en el día solo permite verme
en el frío crepuscular de tu noche a mi lado,
este amor marrón claro, gris o amarillento, calcáreo y salino
una masa de amor que ha perdido su vapor y su encanto.
Este amor extendido sobre dilatados territorios
ha permitido a tus ríos inundar mi ecuador
y ha dejado el calor y la humedad que niebla mi visión
este amor que ha permitido ser nido de aves pasajeras
está oscuro y frío bajo la grandeza de tu egoísmo
que oculta el sol radiante de la pasión que calienta.
Perenne absorbes la mayor parte de la luz
esa misma que apagas cada día para que muera yo
como enredadera que se aferra a tus ramas pero sin tu compañía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario